miércoles, 21 de abril de 2010

Se le cayeron los sistemas...

Yo estaba descansando plácida, con algo o nada de preocupación (reposante) cuando una voz agitada, llegó con mucho esfuerzo y abatimiento resonando.

A esta voz le faltaba buen ánimo, aliento, vigor, ni que decir del color y ritmo (Del clásico ritmo y color cliché de los vendedores que subían al colectivo: Sra. Sr. pasajero disculpe por interrumpir su viaje, pero... vengo a ofrecerles, vengo a venderles, vengo a mostrarles, tal y cual cosa...-los pregoneros contemporáneos le dicen, los mercachifles-); pero a esa voz que rebuscaba mi oído entre el bullicio vespertino (hora-punta), le faltaba mucho más..

"Hace...(hacía pausas muy prolongadas)...una semana...(...)...como si tuviera el corazón en las cuerdas vocales y, el temor en su amígdala (de qué) proseguía con entereza recaída...-me enteré que mi mamá tiene cáncer terminal...

Mi garganta como por conducto realmente grave, comenzaba a sentir cada uno de sus esfuerzos, "Yo no conocí, a mi padre; he dejado mi facultad de ingeniería de sistemas -Uni- porque tengo asma, soy hijo único, y desde que mi mamá ya no puede trabajar, estoy saliendo a las calles con el riesgo de un ataque, a pedir un apoyo -me siento totalmente derrotado-como comprenderán."No lo comprendía de tal manera de su -dicho y desdicho propio- hasta ese momento.

Seguro era uno más de los que subía y me rompía el corazón, uno más de los que -escaso o nada- iba poder hacer por él & ellos (sino que darle una migaja: que le iba alcanzar para ¿unos cuántos minutos, segundos, más? quién sabe...); justamente por eso se me rompía la vida, el amor; en cada ignorar a algunos, al tener en cuenta: a quiénes se les rompió hace rato y quieren rompérmelo a mí también con total vileza engañadora, y a quienes se les comienza a romper ante mí de pleno realismo.

Seguro era uno más, pero era él, un adolescente con asma, que sufría ante mis ojos ignorantes de a paso, de a día, de a sonrisas, de a carcajadas estúpidas (pocas veces), de a esas, y de a ser una compañía del común ventarrón, entonces se me enganchó de nuevo -como esas veces- una perdida sonrisa, porque me dejó impregnada su des-dicha en el alma & en una lección.

Seguro pudo ser otro, pero era él, un estudiante, con los mismos anhelos de superación, y los mismos derechos que otro de su edad, por ello me jodía pensar, que él, también debería hacerlo, (pero -claro- él no podía) ¿por qué? ¿por qué no me acostumbro? Y nunca me acostumbraré.

Seguro porque era uno más, pero entre pedazos y pedazos para mi rostro, era -uno- no más. Se fue, me fui; pero me llevé conmigo su falta de aire, su modo de remplazar los sistemas, en el plasmo gestual y en el plasmo habitual seguido de mis días -para y por el resto de mi vida-. Yo podría agradecer a los sistemas, él no, a él se le cayeron...


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