¿Te acuerdas de aquella noche que llegaste con alcoholemia? Tocaste la puerta suavemente (Tan pausada, cálida y frágil...que casi no escuché). Luego me explicaste que en realidad eras tan feliz con mi sueño. Y yo durmiendo...
Aún no me explico como entraste, procuraba dejarla todos los días con candando extra-forte. Pero conseguiste la llave pirateando una de mis caídas, te fijaste bien que del suelo brotan los mejores motivos. Metiste el metal y ya estabas ahí.
Parado frente a mi cuarto. Esta vez no pediste permiso ni a los "seguros", traspasaste la línea física y sólo diste unos pasos...Te percataste que dentro de esa casa, no habían límites para ti.
Frente a mi cama viste dibujado tu cuerpo al otro lado. Como si desde hace siglos alguien hubiera estado dándole curso a un pincel, -te pareció algo insólito en tu desmedida sobriedad-. Clavaste tu mirada interminable en la pared como buscando una respuesta, y te viste forzado por un impulso que te ganó, a probarte en esa silueta.
Y cabías exactamente...Empezaste con el melindre, estudiando no arruinar mi sueño. Pero después de contarme entre susurros, que un vestido blanco con sangre púrpura se ahogó en tu vaso al atardecer. Además de que finalmente sonaran las últimas campan
as de la Iglesia en tu memoria.

Tomaste impulso por los contornos, husmeaste mis frías prendas y me desprendiste de ellas. Me dijiste que tratar de luchar con esos nudos, que minuto a minuto se querían desatar, fue en vano. La imaginabas entrar por esa puerta bendita, y todos los años se te venían encima como un atentado.
Por eso volcaste toda tu ánima y ánimo en mí. Te metiste de lleno en la ensoñación, parecías querer embriagarme con tus besos., tocaste mi corazón, y luego más que eso. Gritabas a la par del ritmo a mis adentros, disfrutar de ese alcohol, y ese sueño mío.
Después yo te conté que en viceversa me pasó igual.
¡A despertar! ...(Se escuchó una voz en el pasillo de urgencias neurológicas...)
Abrimos la ventana, vimos la luz.
Tú estabas en tu cama, y yo en la mía...




